Cada uno envejece a su manera ...

(Una Casa en la Arena, Pablo Neruda, 1966)
Desafiantes, creamos con el hierro y otros materiales máquinas y estructuras que suponemos formidables, le grabamos nuestra historia, lo usamos para cercar nuestra existencia, proteger nuestras miserias y despojos; vestimos estas hechuras de alegres colores, queriendo pregonar nuestra presencia más allá de los límites del tiempo y del espacio.

Pero Cosmos, con la ayuda de Cronos, recupera lo que es suyo; vuelve a darle a todo su propio colorido, y marca, muerde y hiende su superficie, dibujándole complicados arabescos y texturas.

Soberbios, nos creemos con el poder de rebatirle; tercamente rascamos, pulimos y pintamos, sin descanso hasta el día en que nuestra sustancia, de regreso en el crisol telúrico, se amalgame con el material de nuestras creaciones, y de nuestros ardores quede sólo una débil luz, apenas una chispa, en el pabilo de la memoria de otros, prontamente extinguida.
Francisco Grisolia Cirera